Raúl Santillán
25 may 2026, 17:05:30
Madre mía, vaya dram… 🔥 Desde el primer aroma ya te golpea ese ungüento afilado casi medicinal, mezclado con un humo de turba enorme, como de botiquín viejo. Luego salen tés ahumados bien ricos y un fondo profundamente alquitranado que enseguida deriva hacia sal marina. Es desafiante, de los que te enganchan o te noquean. Al paladar, se despliega un jarabe de cerveza de raíz raro, aceitunas negras, espresso y mantequilla salada, todo envuelto en una salmuera que aquí casa de maravilla con el jerez. Hay hierbas secas, una melaza turbada extraña y hasta una mezcla de salmuera y zumo de limón que me trae un mazapán caro, pero atravesado por chocolate negro bien amargo. Tiene esa guarrería “costera”, llena de arpillera y regaliz salado, con un punto más sucio evolucionando a mariscos carbonizados sobre las brasas. Es grasote, con ecos de carnes de caza curadas y un rollo umami espeso y tremendamente salado. Al final quedan notas ligeramente amargas de semilla de hinojo, y vuelve ese alquitrán profundo junto a almendras saladas, pimentón ahumado picante y humo de caldera. El color es un oro ámbar intenso, y es de esos maltas de Islay poderosísimos, exageradamente grandes, que saben a botas de pesca de goma, a tinta y a embrocaciones médicas. Realmente duplica todas estas impresiones, y ese regaliz salado con un toque ahumado es… brillante. 🥃







